jueves, 22 de diciembre de 2011

A 9 DIAS

Creo que entramos en esos días.

¡Sí! De aquellos donde todos contamos las lunas que faltan para que el año se termine…  tan sólo 9 días para decirle adiós al 2011. Veo en las redes sociales los comentarios de agradecimientos, peticiones, desesperaciones y en algunos casos de maldiciones de lo sucedido en este tiempo.

Y como no podía quedarme atrás, tengo que decir que personalmente el 2011 ha sido un año infinitamente extraordinario, bueno todavía lo es porque a la fecha, no se va. Un 2011 realmente impactante: me puso de cabeza, me sacudió fuertísimo, me volteó de nuevo, subí y bajé, me divertí, me desesperé, me atreví, me acobardé, contemplé, busqué y encontré… todo un complot sentimental.

¿Podría definir el 2011 en una sola palabra? Pues sí. MAESTRO. La palabra maestro viene del latín magister derivado de magis = más.

Podría dividir a ojos cerrados el 2011 en dos partes transcendentales y no necesariamente en partes iguales. Marcaría mi calendario en 5 y 7 adecuadamente, de los 12.

La primera parte, no muy buena. Mejor dicho absolutamente para nada buena. Desubicada, confundida, desconfiada, desesperada… en fin adjetivos nada positivos. Y a pesar de todos esos sentimientos totalmente pesimistas, aún confiaba en mi decisión. Me repetía mil y una vez que lo que había decidido era lo mejor, es más, no lo mejor sino que así tenía que ser.

La segunda parte, más que buena. Positiva. Impecable. Asimilando, aceptando, sonriendo. Me encanta viajar, así que decidí hacerlo. Me fui a la playa, Puerto Vallarta - México. Viajé con mis padres. Fue el primer viaje que hice con ellos fuera de mi país y la verdad nos la pasamos muy bien, de maravilla.
Con ese viaje empecé mi definitivo cambio, madurar. Regresé como nueva. Con planes, con otros aires. Rescaté lo rescatable, lo que olvidé tenía. Y entendí que las personas y las cosas importantes las tenía frente mío. Que, al pensar y al concentrarme sólo en mi decisión, había apartado y descuidado.

Recuerdo con mucha ilusión, cuando una persona cercana me dijo un día, cuando le contaba mis planes a futuro: “Antes de hacer cualquier cosa, solo tómate un minuto de tu tiempo y pide al Señor que en tu camino coloque a las personas correctas, a las personas adecuadas.”  Pensé que me iba a decir cualquier cosa menos eso, y cuando lo escuché, entendí al instante que estaba en lo cierto. Que era el comentario más acertado que podía haber escuchado en esa mañana. Así que deje de hacer lo que estaba haciendo y cerré mis ojos, con mucha fuerza empecé a decir cada una de esas palabras y más, con toda la fe que hasta entonces, me faltaba.

Ese punto fue lo que me marcó. Ese punto fue lo que hizo que yo volteara definitivamente la página. Y sí, efectivamente la segunda parte estuvo llena de muchas sorpresas y más aún de entendimiento.

Entendí que todo no está bajo mi control, que nadie cambia si no lo desea, que todo pasa sea lo que sea, pasa. Así como dicen las abuelitas y las madres. Entendí que a veces soltar, es ganar. Y no me refiero a ganar como sinónimo de vencer o dominar. Entendí que los cambios radicales traen tarde o temprano, una gran felicidad.

Aprendí a dar gracias por las noches. A levantarme con una sonrisa y decir “Buenos días Dios, hoy es un gran día. ¡Vámonos!”

Me cambiaron la vida mis amigos, mi familia, mi música, mi profesión. Estoy rodeada de personas que todos los días me impresionan y me reconfortan. Estoy fascinada de las sorpresas que me han llegado, las oportunidades que nunca pensé que podría siquiera tener. Me motivan e inspiran las cosas simples de la vida y ahora me atrevo a decir que soy FELIZ.
Después de esto, si entienden por qué el 2011 es MAESTRO. Creo que ahora ya no cabe duda. Gracias por este regalo 2011.

¿Y para ti, como ha sido tu 2011? Una palabra.


Puerto Vallarta, México




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