lunes, 16 de julio de 2012

FIDELITAS

Bajo el fondo musical de una de mis emisoras favoritas de radio @rocksour (Perú) llegó a mí una sensación bastante motivadora, impulsiva. Es más, diría un sentimiento muy atractivo, conmovedor que me roba sonrisas así tenga muchas ideas alborotadas en mi mente. Que por cierto anda bastante inquieta últimamente.

Existe un tema de discusión con argumentos profundos y polémicos de ambos bandos. Según lo que mencionan algunos, se trata de algún tipo de rechazo epidémico. Como si el que cumpliera con eso, está totalmente enfermo o fuera de lugar. Visto como marciano ante tanto terrestre erudito.

FIDELITAS, palabra en latín de la versión llamada FIDELIDAD.
¡Ajá! Palabra muy interesante. Más aún, intensa. Sí, creo que ese es el adjetivo adecuado, según mi punto de vista.
¿Por qué cuesta tanto adoptarla? ¿Por qué da tanto dolor de cabeza, peleas y rupturas? “A estás alturas creo que ya nadie aguanta pulgas”, este es el resultado del común denominador. “A mí no me la hacen, ni una sola vez”, “Si la hizo una vez, la volverá hacer”. Han escuchado esas frases de seguro. Perdonar o no perdonar. Hacerse el de la vista gorda ¿ayuda? Creo que no la verdad.
Conversando con personas mayores y con experiencia, entendí que estas personas son dignas de mi respeto y admiración. Y yo que solía reprochar e inclusive juzgar, que atrevimiento el mío. Lo tenía tan claro al decir “no entiendo, tanto problema se hacen si es tan sencillo el asunto. Terminar y punto”. Tal equivocación la mía. Grandísimo error. Que poca visión tenía, no me daba cuenta de lo que se trataba en realidad.
Y en dónde estaba la clave del entendimiento. Pues en mis narices. Algo tan sencillo como la conclusión apresurada a la que llegué.
LA FIDELIDAD va de la mano con EL COMPROMISO. Así es. Y me refiero al compromiso como el acto que se tiene hacia la otra persona, pero sobretodo el que se tiene hacia uno mismo.
Predomina hoy en día el miedo y el pavor del más profundo, que rápidamente se toma la huida de la puerta número uno. Tanto miedo tenemos al compromiso hacia nuestras ideas, hacia nuestras creencias, hacia nuestros valores. El compromiso hacia uno mismo, hacia ti. Acaso ya no existe. Acaso la sociedad se encargó de eliminarlo y extraerlo por completo de nuestra mente y nuestro corazón.
Demasiado importa el record personal y los puntos sumados a nuestro favor por hacer algún desafío que después se pueda lamentar.
Creo que aquí no se trata de juzgar y señalar con el dedo. Esa no es la intención. Sólo creo que nos hemos olvidado de escuchar y aprender de nuestros mayores, que siempre los tratamos en segundo plano. Que se trata de liberar ese miedo que tanto nos gana, que nos persigue y nos hace tan chiquitos como para tomar alguna decisión.
Aún con todo este paquete que tengo de pequeña lucidez, sigo en el proceso no de buscar respuestas o encajar en los bandos. Sino, en el de aprender a adquirir y aceptar el compromiso que tengo conmigo misma. ¿Por qué no lo haces tú también?
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