sábado, 16 de febrero de 2013

CHICAMA, la playa que todo surfista quiere


El día lunes 11 de febrero, junto con amigos y mi profesor de tabla, enrumbamos antes de las 10 de la mañana a nuestro más esperado destino: CHICAMA.

He estado practicando el surf  hace cuatro semanas y la verdad que todo lo aprendido hasta ahora, ha superado completamente mis expectativas. Siempre me llamó la atención el mar y las tablas, pero nunca me tomé el tiempo necesario hasta que este verano decidí no dejarlo pasar más. Aprovechando que vivo a 15 minutos de Huanchaco, sería imperdonable no poder experimentar este deporte.
Interdiario subo a mi auto y me dirijo hacia Huanchaco para mis clases de las 9 de la mañana. Siempre le he tenido respeto al mar sobretodo cuando la marea sube y las olas se ponen fuertes. Sin embargo ahora que convivo más lo disfruto, mi profesor siempre nos da charlas de prevención y eso nos da confianza de saber que hacer en algunas situaciones complicadas.

Así que, con algo de práctica en Huanchaco, nos fuimos a Chicama. El viaje fue muy rápido, una hora hasta llegar a Paiján y unos 30 minutos más para ingresar a Chicama (o Puerto Malabrigo). El cielo estaba despejado y el viento soplaba muy fuerte, siempre característica de Chicama.

Cuando llegamos subimos a la parte más alta de la playa y pudimos ver desde lejos como se formaban las olas tubulares y todo su recorrido, más de dos kilómetros. Los olas bien formadas, ordenadas unas tras otras, nunca ví tanta perfección.



Luego bajamos caminado hacia la playa, hacia el Point, zona donde nos situaríamos para poder correr las olas. Nos quedamos un rato viendo las olas, sintiendo el viento y mirando hacia el mar, probando la temperatura del agua que realmente estaba en su punto, fresca.







Se suponía que la movilidad nos alcanzaría hasta el Point, pero lamentablemente no pudo pasar por la arena. Así que tuvimos que regresar caminando, por un lado mejor, así calentábamos más rápido. Llegamos y empezamos a bajar nuestras cosas: tablas, wetsuits y demás. Nos cambiamos, nos pusimos bloqueador y nos dirigimos nuevamente hasta el Point, cada uno con su tabla. Me gustó mucho ese momento, muy emocionante, esperando llegar para meternos al mar.

Llegamos, pusimos todas las tablas en un solo lugar y Omar, mi profesor, nos dió indicaciones sobre las particularidades del mar de Chicama. Prevenciones necesarias, era la primera vez que corríamos olas en Chicama.


El viento soplaba tan fuerte, que en un momento levantó las tablas que estaban una sobre otras. La quilla de una de ellas se rompió, lo que significaba que uno de nosotros tendría que turnarse para poder correr las olas.

Y el momento esperado llegó, nos colocamos las pitas y cada uno cargó su tabla e ingresamos al mar. Caminamos hasta cierto punto donde podíamos colocar la tabla sobre el agua y poder remar. Sentí como el viento levantaba un poco de agua hacia mi rostro mientras remaba, era como mil gotas con mucha fuerza atropellándose contra mi cara. El momento en que entramos era preciso, las olas se estaban poniendo buenísimas. Remé hasta más adentro del punto donde rompían las olas, y ya estaba lista para correr la primera ola. Como aún somos amateurs, seguimos las instrucciones de nuestros guías. Llegó mi turno y me dijo: ¿lista? y yo: ¡claro! 

Rema... rema... rema... más fuerte, mira la ola... más fuerte, más... mira hacia adelante, ahora ¡ARRIBA!

Y en ese momento me levanté, apoyé mi manos sobre la tabla a la altura de mi tórax, bien pegada a mis costillas y coloqué mi pierna izquierda hacia adelante (soy regular) y lo que siguió fue que sentí la fuerza de la ola detrás mío. No lo puedo explicar, pero esa sensación no se compara con nada. Sientes que vuelas, miras hacia la playa y sientes que eres dueño de todo. Nadie te detiene, sigues y sigues. Hasta que llegué cerca a la orilla y caí hacia mi izquierda, siempre caigo así. Luego tuve una tremenda sonrisa marcada en mi rostro volteé e hice mi pulgar hacia arriba. Lo máximo. Subí nuevamente a mi tabla y remé de retorno.

Corrí muchas olas, algunas por mi cuenta. Omar nos tomó muchas fotos y nos filmó, para analizarnos y corregir nuestros errores. Reímos mucho, nos divertimos, no queríamos salir del mar. Nos la pasamos tan bien, las olas estuvieron increíbles. No sé como serán las olas en otra temporada, pero para mi todo fue perfecto. Nos quedamos un buen rato en el mar. Recién salimos cuando nos agotamos. Omar también corrió una cuantas, no podía irse así nada más.

El viaje a Chicama estuvo de 1000 puntos, regresamos a Trujillo cerca de las 9 de la noche, agotados pero super felices por la tremenda experiencia. Realmente este verano es uno de los mejores que estoy disfrutando. Aún me quedan clases por tomar, y a pesar de que terminen, seguiré practicando este deporte que aprendí rápidamente a querer.

Gracias a Omar y mi escuela Surf School Muchik.
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