viernes, 5 de septiembre de 2014

EL RITUAL DE TODOS LOS DIAS

Es increíble como todos los días, muchas veces sin fijarnos, se repite siempre el mismo ritual. Pero por más que se repita, cada vez que me permito alcanzarlo, termina por sorprenderme.

Me sorprende la manera como al verlo siento que no existe nada en este mundo que pueda interrumpir ese instante, siento que esa energía me revitaliza, siento cada movimiento de los rayos del sol que logran atravesar alguna abertura que encuentran en el cielo. Es que amo las cosas sencillas de la vida, me fascina ese ritual que el sol hace todos los días para lograr presentarse majestuosamente y luego, por la tarde, empieza a desaparecer cargando de colores a nuestro cielo.

Esa aparición que hace el sol muy temprano por las mañanas, donde el azul se convierte en celeste con algunos tonos a violeta, naranja y amarillo. Donde el cielo se despeja para que solo en minutos empiece una constante de nubes salteadas. Y es que, es tan importante el sol que el cielo desaloja aquella oscuridad.

Esa desaparición que hace el sol por las tardes, donde los rayos son más intensos, el cielo parece una pintura con colores vivos dando la impresión que sobresaliera de su lugar. Donde combina el azul, el violeta, el rojo, el naranja, el amarillo y hasta el gris, sin ningún límite. Cada uno de ellos, fusionándose a manera de gradiente. Es más, puedo sentirlo incluso con los ojos cerrados. Siento como el calor del sol llega y acaricia mi rostro, mi piel, y todo se vuelve silencio, no queda más que la relación entre el "hecho natural" y yo.

Ese noviazgo tan perfecto que tiene el sol con el cielo, es precisamente lo que me fascina. Cada uno sabe muy bien el rol que cumple, sin equivocaciones, tan ceremonioso con respeto mutuo. Porque cada uno sabe lo importante que es, cada uno sabe que uno no puede existir sin el otro.

He visto muchos amaneceres y atardeceres tanto en la ciudad como fuera de ella. Cada uno con un toque especial y distinto. En este último viaje, no dejo de pensar en esa imagen dorada que se torna la ciudad al ocultarse el sol, como si los edificios se convirtieran en oro.

Creo que perderse este ritual, es negarse a la magia que el mundo nos está regalando. ¡Date el gusto!. Mientras tanto, yo seguiré contemplando ese "noviazgo" que nunca me llega a cansar, en cualquier parte del mundo.

Atardecer en Venecia.
Amanecer en París.
Atardecer en Baños del Inca.

Atardecer en Burdeos.
Atardecer en Santiago de Chile.

Amanecer camino Roma - Nápoles.

Atardecer en Miami Beach.
Atardecer en Pacasmayo.
Atardecer en Madrid.
Atardecer en Punta Sal.
Atardecer en Huanchaco.


Publicar un comentario