miércoles, 13 de enero de 2016

ESPACIO PÚBLICO, ¿PÚBLICO?

Recuerdo cuando era pequeña solía andar en bicicleta por la calle totalmente libre sin temor alguno. Con los niños de mi barrio nos conocíamos, jugábamos por las tardes sobretodo las de verano en las vacaciones. Existía ese contacto con los demás, ese encuentro en el parque o en la "canchita", una conversación en la calle o en la puerta de la casa que podía extenderse por horas incluso pasadas el atardecer. Tal vez ibas a visitar algún amigo que vivía en otro barrio y llegabas con facilidad sin algún obstáculo. Podías jugar basquet, voley u otro deporte en cualquier canchita que encontrabas al paso mientras caminabas. 

Y esto fue lo que empecé a recordar mientras leía un artículo en la web hace algunos días. Leí sobre el "muro de la vergüenza", ese muro que ha circulado por todas las redes sociales dividiendo dos zonas opuestas en Lima. Y en ese mismo artículo hace un llamado a sincerarnos, a ver las cosas como realmente son. ¿No es acaso lo mismo que está sucediendo en la mayoría de las zonas de las ciudades en una escala menor?. No es cierto entonces que la ciudad está siendo segmentada, donde incluso los espacios públicos se han convertido en propiedades privadas colocándoles muros, rejas o cadenas con la finalidad de que nadie puede utilizarlos salvo con el permiso de quien tenga la "llave".

Estamos en una situación, no sólo en Trujillo sino también me atrevo a decir en el Perú, donde hemos llegado al límite de vivir "encerrados" porque el miedo se ha convertido en un sentimiento más fuerte que ahora se llama pánico y se está apoderando de la ciudad. Se utilizan trancas en las calles restringiendo el paso a cualquier peatón, se enrejan parques por lo tanto nadie los usa solo puedes verlos desde fuera, se colocan cadenas en las canchas o losas deportivas y se debe pedir permiso para su uso o incluso se debe pagar. ¿Pero acaso todo eso no es de dominio público? o exactamente ¿a quién le pertenece?







Los espacios públicos pueden estar diseñados de manera que 
resulte difícil entrar en ellos física y psicológicamente. 
La Humanización del Espacio Urbano, Jan Gehl

Vivir "encerrado" es una solución extrema a sentirse seguro, sin embargo las calles y espacios públicos se van transformado en zonas ajenas, en tierra de nadie, sin alguna actividad, sin personas que las transiten donde solo los autos son los únicos en circular. No hay contacto, no hay encuentro. Eso quiere decir que nadie ve lo que sucede fuera de sus casas, entonces cuando se produce un robo o un asalto, nadie sabe nada. Se han preguntado ¿en dónde sucede con mayor frecuencia la delincuencia? ¿en dónde se sienten más seguros de caminar, en lugares donde hay gente o donde no la hay? ¿no es cierto entonces que uno puede llegar a sentir angustia caminando por una calle desolada?

Según estudios, se ha demostrado que los espacios exteriores donde se hace posible conocer mejor a la gente y experimentar la convivencia genera un mayor grado de vigilancia y de responsabilidad sobre el espacio público e inclusive sobre la vivienda misma. Entonces, conocer a la gente, tener actividades exteriores y participar hace que exista un ambiente más seguro donde todos podamos sentirnos protegidos y donde los espacios vuelvan hacer espacios propios del barrio, del visitante y porque no, convertirse en espacios como extensión de la vivienda.

Afortunadamente, en la ciudad todavía existen espacios públicos donde son bien aprovechados y cumplen su propia función. Ese uso "público" donde se realizan las diferentes actividades exteriores de ocio y de relajo. Donde se puede ir con los amigos o con la familia a pasar un buen rato, donde no tienes que pedir permiso para "ingresar" y donde cualquiera es bienvenido. Tal vez no sean los espacios con la mejor infraestructura y los mejores recursos, pese a ello, el encuentro de las personas, ese ambiente vivo de reunión hace que ese espacio se vuelvan un foco de atracción, porque la gente atrae a más gente.





Entonces nos encontramos en un punto de quiebre, donde la responsabilidad radica tanto en autoridades, en los ciudadanos, en los profesionales, en nosotros mismos. ¿Cómo vamos actuar? ¿Qué vamos hacer?... Personalmente, no me agrada no ser libre, deseo estar en un espacio público en cualquier parte de la ciudad, sin algún temor, sin pedir permiso porque también es mio y es de todos.

Quiero mi ciudad, quiero mi barrio y creo que se puede rescatar y re-valorar las calles y el espacio público porque la ciudad siempre ha sido de todos nosotros y siempre lo será.




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