miércoles, 8 de febrero de 2017

EL ALMA DE CUBA, FASCINANTE

Cuando recién conoces a una persona, conforme pasa el tiempo, miras a través de su interior y eso llega a formar fuertes lazos porque uno aprende a quererla, caso contrario, cuando ese alguien no es de nuestro agrado, nos hacemos a un lado y la dejamos ir.

Así es como yo veo a un país, mientras más conozco su interior, su alma, más aprendo a quererlo. Esto pasó con Cuba. Quería conocer más que La Habana y el famoso Varadero, sé que Cuba es un país atractivo y que tiene mucho que ofrecer al visitante. Así que hicimos nuestra propia ruta: La Habana - Camagüey - Trinidad - Cienfuegos - Varadero - La Habana. Claro, que previo al viaje, realizamos nuestras reservas para los hospedajes, excepto para Trinidad porque el tiempo me quedó corto para hacerlo.

Los buses para extranjeros que recorren las principales provincias del país son los de viazul. Viajar en viazul, es toda una experiencia. Nosotras teníamos las reservas de los pasajes desde antes de pisar Cuba porque sabíamos que era temporada alta y lo más probable es que los boletos seas escasos, sobre todo comprar de un día para otro. Para abordar el bus, uno debe estar en la terminal al menos 30 minutos antes para hacer el check in y conforme vas subiendo, cada uno escoge su propio asiento. Es habitual que salga con retraso pues son buses de ruta y realizan paradas para el café o en los pueblos que tienen programados.

Cuando salimos para Camagüey la luna llena nos acompañó. Estaba inmensa, hermosa y espectacular. Ya había viajado en ruta antes pero con una luna tan preciosa, no. Fueron nueve horas de su compañía, iluminando la carretera y guiando al conductor. El viaje me hizo recordar cuando solía viajar el norte del Perú hace un tiempo atrás, con buses parecidos y la ruta, con casi el mismo tiempo.

Camagüey es una ciudad bastante tranquila y en realidad todo lo puedes hacer caminando. Su centro histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el 2008. Cada una de sus plazas presenta una iglesia, bien conservadas y de gran valor arquitectónico e histórico. La plaza más conocida es la del Carmen, donde se encuentran esculturas de personajes en la vida cotidiana. Sus calles son bastante estrechas e irregulares. En el Parque Agramonte se ubica la Catedral, entramos y subimos a la torre, desde allí se observa toda la ciudad y para mi sorpresa, Camagüey es bastante grande y bella.





En la casa donde nos quedamos, nos atendió la señora Jaqui, hija de Isabel, muy amable, muy alegre, siempre con una sonrisa y muy servicial, ella nos ayudó a conseguir el hospedaje que nos faltaba, el de Trinidad. Nos despidió con un desayuno de dioses, riquísimo y muy generoso. ¡Gracias!

Un pequeño detalle que olvidé mencionar, es que al llegar al hospedaje en Camagúey, me di cuenta que me había equivocado en comprar los boletos de bus para la ruta Camagüey - Trinidad, confundí las fechas. Sin embargo, logramos viajar en colectivo hasta Sancti Spíritus y luego tomar otro hasta Trinidad. Este último fue en uno de esos autos antiguos con un conductor un poco mal humorado, pero no importa porque el paisaje que disfruté no lo cambio por nada. Realmente precioso, con pequeños pueblos y mucha vegetación. Fue una muy buena recompensa.



Trinidad es bastante pintoresco, me enamoré de ella desde que la vi. Es una ciudad antigua y tradicional, de 1514 y también declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. El centro es hermoso, con las calles empedradas y más amplias que las anteriores ciudades. Encuentras mucha gente caminando, sobre todo extranjeros, gente en bicicleta, en carretas, en motos y muy pocos autos. Las casas tienen patios, son grandes y muy altas, las ventanas bastante amplias de piso a techo y con carpintería de fierro o de madera. La artesanía es una de las mayores actividades, algunas ferias se colocan en las calles para vender sus productos. Existen también bares y restaurantes, pero lo que llamó mi atención fueron los "bares al paso", así les puse yo porque no sé como se llaman. Es básicamente una barra que se acondiciona en las ventanas que miran hacia la calle para preparar tragos, ya sea un mojito, una piña colada, una cuba libre o su famoso trago bandera canchánchara, cualquiera a 1.50 CUC. Aquí no existe problema alguno en tomar en las calles, está totalmente permitido.





Por la noche fuimos a La Bodeguita del Medio, uno de los bares famosos de Cuba que también está en La Habana. Aquí probé el famoso trago, canchánchara. Estuvo bien, un poco dulce para mi gusto porque uno de sus ingredientes es la miel. Igual que en la mayoría de bares, hay música en vivo ¡Que privilegio el de los cubanos! Fue una noche más en compañía de la luna llena. ¡Fascinante!



Al día siguiente nos fuimos temprano para Cienfuegos, a solo tres horas de Trinidad. Fue una mañana de lluvia. Pero cuando llegamos a Cienfugos el clima se puso mejor.

Cienfuegos es una ciudad diferente. Es de tipo comercial, supongo porque es un puerto. Transitan muchos barcos comerciales y también cruceros. Las calles son amplias, regulares y muy limpias, con una arquitectura de influencia francesa y con un Centro Histórico declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. Caminamos por el centro y llegamos hasta el muelle, desde ahí se observa los cruceros y parte de la ciudad. Decidimos ir hasta Punta Gorda que es el remate final del Malecón terminando el Paseo del Prado, son más de tres kilómetros desde la Plaza Principal. Así que tomamos una bicitaxi y el señor fue muy gentil, nos comentaba sobre su ciudad mientras íbamos hasta Punta Gorda.




Aquí la cosa cambia. Es una zona residencial, bastante ordenada con mucha vegetación, buenos hoteles y centros de recreación. Tiene una excelente vista hacia la bahía donde observas los barcos y los yates de las personas residentes. Es una de las zonas más caras de Cienfuegos y nos comentaron que se asemeja mucho a Varadero. Así que pasamos la tarde en Punta Gorda y regresamos después del atardecer. Caminamos más de los tres kilómetros hasta la casa donde nos quedamos, regresando por el Malecón y por el Paseo del Prado. Mientras caminábamos, nuevamente la luna llena se hizo presente. ¡Tan hermosa!



Cuando llegamos a la casa, nos encontramos con Diana, la dueña de casa. Nos quedamos en la terraza a seguir conversando. Diana, muy amablemente, nos comentó muchas cosas acerca de su país. Ella profesora de la universidad y su esposo, médico. Ambos profesionales que se esfuerzan trabajando para mantener y llevar una vida digna, tratando de salir adelante ante tantas limitaciones que tiene el sistema de su país. Hablamos de todo un poco. Desde la libreta de racionamiento hasta la delincuencia en Cuba, cómo ha ido cambiando el país a razón del turismo. Realmente fue muy sincera y agradezco todas sus palabras que de alguna manera las he grabado y me sirven de lección.

A la mañana siguiente, después del desayuno, partimos hacia el famoso Varadero. Dejamos nuestros últimos días para disfrutar de las hermosas playas de la que tanto hablaban. ¡Y sí señores! Es el paraíso. Cielo despejado, totalmente azul, las nubes de algodón, la arena muy fina y clara como si fuera harina, no quema en lo absoluto aún estando en la hora más soleada, y el mar... ¡Ay el mar! Cristalino, con varios colores desde el más claro en la orilla hasta el más azul mirando hacia el horizonte. Ligeramente fría, porque allá es invierno, pero estaba deliciosa, con pequeñas olas y la marea baja. Había gente de todas partes del mundo, sobre todo franceses, no parecía que estuviésemos en Cuba comparado con todo lo vivido en días anteriores. El sol no quema tanto como aquí en Perú, es más suave y el atardecer es más temprano. ¡Majestuoso! como supongo lo es en cualquier parte del mundo, es un regalo. Verdaderamente es una de las zonas donde uno puede relajarse, disfrutar y pasarla muy bien.



En cada una de estas cinco ciudades, Cuba me mostró sus distintas facetas y también me mostré con ella tal y como soy. Cada ciudad con un entorno propio y bello, con un valor histórico y cultural importante para el país y para la identidad de la sociedad independientemente sea o no Patrimonio Mundial de la Humanidad. Me agradó hospedarme en las casas, lo volvería hacer y porque no, repetir esta experiencia en alguna oportunidad que tenga de visitar otro país.

Aún me quedan más lugares por conocer según lo que me han recomendado los cubanos, espero que pueda regresar. Fue un viaje extraordinario y lo recomiendo para todos aquellos que nos gusta explorar.



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